lunes, 31 de agosto de 2009

PRESENTACION DEL LIBRO A JUAN MANUEL

PALABRAS QUE EXPRESE EN LA PRESENTACION DEL LIBRO "UN ABRAZO DE LETRAS", TEXTOS HOMENAJE A JUAN MANUEL GUTIERREZ-VAZQUEZ.


UN ABRAZO DE LETRAS.

Texto Homenaje a Juan Manuel Gutiérrez Vázquez.

Quiero manifestarle mi sincera felicitación a la Universidad de la Ciénega, al Mtro. Serafín, a Mario, a todo el equipo editorial por la idea de escribir un libro homenaje en el aniversario luctuoso de JM. Fue una gran idea en muchos sentidos: reunir testimonios de amigos y colaboradores, de invitar a sus hijos, a Ruth su esposa, de amigos de sus épocas estudiantiles, de sus años como investigador, como director y gestor de proyectos. Fue un gran acierto el estilo biográfico, autobiográfico, testimonial que permite resaltar lo personal y lo íntimo. Agradecer a los autores de los testimonios que nos permiten conocer ángulos desconocidos, revelaciones intimas, pasiones, inquietudes. Aquello que nos configura como seres humanos.
A lo largo de los 43 testimonios y 303 páginas de Un Abrazo de Letras, hay muchos hilos conductores que nos llevan a las esencias de JM: todos coinciden y estoy seguro que coincidirían los cientos o quizá miles de personas que lo trataron, de que JM irradiaba calor, pasión, amor. Que conjugaba armoniosamente su humanidad entera con la humanidad de los demás, pero más allá, sabía, comprendía, sentía la necesidad de ayudar a que resaltara lo mejor de nosotros. Era un ser maravilloso, que quien tenía la fortuna de conocerlo, leerlo, escucharlo y conversar con él, el mundo se volvía distinto. Se volvía con todos los colores de que son capaces nuestros propios sentidos para percibir esta riqueza en la naturaleza y en los propios seres humanos.
El libro en cada frase, en cada página, con cada amigo, con cada hijo y en las palabras de Ruth, nos revelan toda la estatura intelectual, moral, pasional y espiritual de JM: el amigo generoso, el jefe comprensible y exigente, el investigador y profesor respetado y admirado, el esposo, padre y abuelo amado y amante.
Las secuencias de imágenes que trasmite el libro es excepcional, anécdotas, frases, comentarios, fotografias, dibujos, pero más allá: posiciones ante la vida, ante la naturaleza, ante los demás. Me recuerda mucho el tipo de trabajo que JM desempeñaba como investigador de temas educativos. Su pasión por el texto etnográfico, antropológico y por la fotografía que permitía revelar aquella naturaleza íntima, oculta tras los hechos rutinarios y cotidianos, pero que cuando por fin lográbamos encontrar aquella naturaleza, nos hacia un poco más humanos, porque al fin de cuentas lo que encontrábamos en las aulas, en las escuelas eran procesos comunicativos y educadores entre seres que quieren ser mejores y hacer de este mundo, un mundo mejor.
El libro es un impresionante ejercicio comunicacional y educador como era parte de la personalidad de JM. Conocí muchos aspectos profesionales y personales, pero los testimonios me dicen en “Un abrazo de letras” que JM era inagotable y que cada hecho en los que participó, cada frase, cada palabra suya, aún la última, son pinceladas de vida, para decirnos que la vida hay que disfrutarla, que lo que hagamos profesionalmente y personalmente hay que hacerlo apasionadamente hasta el límite para intentar que las cosas mejores sean posibles.
Cuando recibí la invitación para expresar algunos pasajes en el libro, de forma inmediata acudieron muchas experiencias vividas y la forma en la que en aquellos años, la vida dio un vuelco para mí: el mundo se volvió más ancho, multicolor, más enriquecedor y parecía más infinito de lo que hasta ese momento creía que era. Me enseñó el placer por la vida: de manera sutil, a través de su naturaleza educadora, con el arte, la poesía, la música, la literatura, los buenos vinos, pero también, como un rayo implacable y con su voz tronante, sus cejas arqueadas y los ojos que se volvían más penetrantes.
Hoy JM una vez más, me ayudó a escribir y por alguna extraña razón, me pareció verlo junto a mi, para verme cómo escribía, cómo construía cada una de las frases y si realmente el texto era armónico y como nos decía que “cantara como la poesía”, frase que nunca olvidaré, entre los muchos consejos que nos daba.
Las primeras páginas fueron fáciles porque estaba ahí, era escribir lo que viví, y lo que viví cariñosamente, afectuosamente con él, primeras páginas escritas en una sesión de trabajo. La última, la más difícil, quizá tardé 4 o 5 sesiones para terminarla porque no sabía cómo ni porqué terminarla y porque representaba la parte final de su vida.
No sé si es así, pero con JM, no había medias tintas, ni disfraces posibles, se brindaba como era y era imposible, improbable que quienes lo trataran no fueran también auténticos. Suena extraño, pero JM es uno de esos raros espíritus de nuestros tiempos que corren, con los que uno quisiera permanecer, disfrutar, colaborar por siempre.
Nos enseñó a quitar nuestros propios presupuestos inmediatos con los que solemos juzgar el mundo y a los demás. En el trabajo investigativo, del proceso interactivo humano que es la enseñanza y el aprendizaje nos mostró que si prejuzgamos, lamentablemente, se vuelve realidad.
En un actividad de nuestros años formativos en la investigación educativa con él, en Tzurumútaro, nos mostró cinco fotografías de niñas y niños y nos preguntó que a cual de estos niños creíamos que iban a tener malos resultados en la escuela y porqué razones: Todos los que participamos de aquél taller coincidimos en que la niña sucia, con ropas raídas, de mirada triste sería una niña que reprobaría y abandonaría la escuela. La razón? Nuestra razón? : su condición humilde y de pobreza extrema.
JM nos dijo que teníamos razón. Ella abandonaría la escuela porque así nosotros lo habíamos determinado de antemano. Nos conduciríamos ignorándola como profesores, que ya la habíamos descalificado, estaba perdida para nosotros, no tenía caso poner empeño en ella, es más, ya ni siquiera existía desde el principio para nosotros, la habíamos seleccionado previamente por su condición y apariencia como una niña que reprobaría. Nuestros hechos diarios, en el aula, así lo confirmarían. Al final del año diríamos: se los dije, esa niña iba a abandonar la escuela.
Qué lección implacable para todos nosotros. Que mis acciones diarias como profesor, guiadas por mis torpes prejuicios, limitaban y expulsaban de la escuela a mis alumnos. Esta lección jamás la podré olvidar. Este ejercicio de los muchos en los que tuve la fortuna de participar con él, me parece, transformaron mi vida profesional y personal.
O en aquella donde a profesores de quinto año de primaria les pedíamos contestar 10 preguntas acerca de la Naturaleza y que después las evaluaran con la respuesta correcta, tal y como ellos lo hacen con sus alumnos. El resultado era que el 95% de los profesores reprobaba el cuestionario. Lo dramático del asunto era de que las preguntas eran exactamente las mismas que ellos aplicaban a sus alumnos. Múltiples debates y reflexiones se derivaban de esta forma de analizar la problemática educativa.
No solo era la metodología y el enfoque humanista el que nos permitía y muchas veces nos forzaba a cambiar, era la revelación de que había en JM un poder para hacernos ver la vida mucho más rica, compleja, llena de matices y sutilezas y que ahí es donde se encuentra la verdadera humanidad.
Divulgar su pensamiento y su quehacer, es urgente entre las generaciones jóvenes, los investigadores que se inician, que los profesores conozcan de su obra y su tamaño, que sea una referencia por la enorme trascendencia que tiene. Hoy necesitamos de JM porque como nos recuerda Ruth, quiso dejar un mundo mejor de cómo lo encontró cuando llegó.
Nunca acabaré de agradecer el haberlo conocido, sus enseñanzas son imborrables, y hoy también quiero agradecer a todos los amigos de JM, a su familia, a sus hijos, a Ruth, que nos hayan brindado y abierto sus corazones para compartir con todos nosotros a nuestro JM.
El libro es además de un abrazo de letras, un abrazo abrazador de calor humano hacia JM, en modesta reciprocidad al que siempre nos dio. Gracias JM.
Universidad de la Ciénega.
Sahuayo, Michoacán, 31 de agosto del 2009.


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